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Tipsy despliega lentamente su brazo para buscar un vaso, luego lo dobla hacia adelante y hacia atrás para agarrar unos cubitos de hielo con sus pinzas, y después selecciona mecánicamente una botella.

Este barman sacude entonces la coctelera para mezclar su bebida y la vierte en un vaso. “Esto es el futuro”, agrega Mauricio Letona, quien vive en Las Vegas.

Menos seducido por la experiencia, Antoine Ferrari, un turista francés, asegura que es “más agradable tomar una copa cuando hay alguien detrás de la barra”. Rino Armeni, presidente de la empresa Robotic Innovations y propietario del bar, reconoce que este autómata es sobre todo “una atracción”.

“Lo primero que le dije a mis empleados cuando abrimos fue: ‘Estos robots están ahí para distraer, pero la gente acudirá a ustedes, no quiero perder el lado humano’”, cuenta. Los expertos reconocen que muchos de los trabajos que desaparecerán no serán reemplazados, pero agregan que hay pocas posibilidades de que el barman esté en vías de extinción.

“Mira todo lo que hace un barman: hablar con los clientes, decidir cuándo no servir una bebida más, asegurarse de que la gente no robe botellas, recibir los pagos y dar cambios, reponer”, recoger las copas y lavarlas, llamar a seguridad en caso de alboroto… enumera Michael Dyer, profesor emérito de informática de la UCLA.

Los androides no tienen estas capacidades, subraya, y agrega que en la elección acaba influyendo un análisis de costo/beneficio: “Si una máquina vale 100.000 dólares por año para hacer una sola tarea mientras un barman humano cuesta 30.000 dólares al año y hace mucho más, uno no va a reemplazar al otro”.

En cuanto al cocinero biónico, aún falta un largo recorrido, estima Richard Korf, otro profesor de la UCLA: “Un chef utiliza muchos ingredientes, técnicas, instrumentos para cortar, batir, mezclar… Sería muy difícil” de automatizar.

“La otra pregunta es: ¿queremos hacer eso? Parte del placer cuando vamos a un bar es hablar con camareros y camareras, seducirlos, poder contarles tus problemas”, agrega.

Para él, la robotización de un barman funciona en lugares donde el objetivo no es la interacción social. “Hay lugares donde un robot puede mejorar el servicio”, dice Pamela Rutledge, experta en sicología. Pero en un bar de barrio, “ser reconocido por el barman crea una conexión social que te hace sentir que perteneces a una comunidad”, concluye.

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